De alumno a artista 3D en Wästberg: Luis Vega trabaja en iluminación internacional tras el Master

Hoy hablamos con Luis Vega, exalumno de Esteschool que actualmente trabaja en Wästberg, una reconocida marca internacional de iluminación, donde se encarga de crear renders y animaciones de producto. Su historia es un ejemplo claro de cómo la formación adecuada puede abrir puertas reales en la industria.
Cuéntanos un poco sobre ti antes de empezar en el mundo del 3D.
Antes de la formación ya trabajaba como diseñador de producto y había trabajado en este sector. Siempre me ha interesado el diseño y la manera en la que los objetos pueden transmitir una idea a través de la forma, los materiales o la luz.
El 3D apareció como una evolución natural de ese interés. Empecé explorando por curiosidad, pero enseguida me di cuenta de que era mucho más que una herramienta técnica. Me permitía crear imágenes con total libertad y dar vida a los productos de una forma que conectaba con mi visión como diseñador. Fue ahí cuando decidí profundizar y convertirlo en mi profesión, no solo como artista 3D, sino también desde una perspectiva de dirección de arte y narrativa visual.
¿Por qué decidiste formarte con nosotros?
En ese momento ya llevaba tiempo trabajando con 3D, pero sentía que necesitaba dar un paso más. Quería mejorar en los aspectos técnicos para tener una base más sólida y
poder materializar mis ideas con mayor precisión y libertad.
Al mismo tiempo, buscaba seguir explorando nuevas formas de comunicación a través de la imagen. Para mí el 3D nunca ha sido solo una herramienta para hacer renders, sino un medio artístico con el que contar historias, transmitir sensaciones y aportar una visión propia. Quería seguir creciendo tanto a nivel técnico como creativo, y encontrar un entorno que me impulsara en ambas direcciones.

¿Cómo fue tu experiencia durante la formación?
Lo que más destacaría es el acompañamiento y la forma de plantear el aprendizaje. No se trataba únicamente de resolver ejercicios, sino de entender por qué tomabas cada decisión. Hubo un momento en el que todo empezó a tener sentido: dejé de pensar en el render como una suma de técnicas y empecé a verlo como una herramienta para comunicar una idea. Ahí entendí que la diferencia no la marca el software, sino el criterio y la sensibilidad con la que utilizas esas herramientas.
¿Cómo fue el proceso hasta conseguir tu primer trabajo en el sector?
Fue un proceso que requirió constancia. Como en cualquier disciplina creativa, hay que seguir aprendiendo incluso cuando termina la formación.
Creo que lo que marcó la diferencia fue construir un portfolio con intención, cuidando cada proyecto y buscando siempre calidad antes que cantidad. También fue importante desarrollar una identidad visual propia y no limitarme a reproducir referencias.

Ahora trabajas en Wästberg. ¿Cómo es tu día a día allí?
Mi trabajo consiste en desarrollar imágenes y animaciones para los productos de la marca.
Cada proyecto implica estudiar el producto, entender qué lo hace especial y encontrar la mejor forma de comunicarlo visualmente.
Trabajar para una marca como Wästberg es muy enriquecedor porque existe un nivel de
exigencia muy alto en todos los detalles. El diseño, la luz y la narrativa visual forman parte del ADN de la empresa, y eso hace que cada imagen tenga un propósito muy claro.
¿Qué habilidades aprendidas durante la formación utilizas más en tu trabajo
actual?
Más que una habilidad concreta, diría que aprendí una forma de trabajar. Analizar antes de ejecutar, simplificar los procesos y tomar decisiones con criterio.
Hoy valoro especialmente la importancia de la dirección de arte. Antes pensaba que un buen render dependía sobre todo de la técnica; ahora sé que la diferencia está en saber qué contar y en hacer que todo parezca sencillo, aunque detrás haya mucho trabajo.
¿Cómo ha cambiado tu vida desde que trabajas en 3D?
Profesionalmente me ha permitido dedicarme a algo que realmente disfruto. Trabajo en proyectos internacionales y puedo desarrollar una carrera creativa.
A nivel personal también ha cambiado mi manera de observar el mundo. Ahora presto mucha más atención a la luz, los materiales, las proporciones o los pequeños detalles. Todo eso acaba influyendo en mi trabajo y alimentando mi creatividad.
¿Qué le dirías a alguien que está dudando si empezar en este sector?
Si realmente te gusta crear imágenes y resolver problemas de forma visual, merece la pena
intentarlo. Es un sector exigente, pero también ofrece muchas oportunidades quienes disfrutan aprendiendo constantemente.
Mi consejo sería que no persiga únicamente hacer renders bonitos. Que construya una mirada propia, que explore, que experimente y que no se conforme con la primera solución evidente. Esa curiosidad es la que acaba marcando la diferencia.
Mirando atrás, ¿qué ha sido lo más importante en tu evolución?
Aprender que ser artista no consiste en demostrar todo lo que sabes hacer, sino en saber qué dejar fuera.
Con el tiempo he entendido que las mejores imágenes suelen ser las más claras y las más honestas. Me gusta trabajar en silencio, explorar muchas posibilidades antes de decidir y simplificar hasta que todo fluya con naturalidad. Creo que esa búsqueda constante de la esencia es lo que más ha marcado mi evolución como artista y como director de arte.
¿Qué le dirías a alguien que está pensando estudiar en Esteschool?
Le diría que aproveche al máximo la experiencia y que vaya con una actitud abierta.
La formación es importante, pero lo realmente valioso es desarrollar una forma de pensar y un criterio que te acompañen durante toda tu carrera.
Si además eres constante y disfrutas del proceso, la formación puede convertirse en un punto de partida muy sólido para entrar en la industria. Al final, las herramientas cambian, pero la capacidad de observar, de tomar buenas decisiones y de aportar una visión propia es lo que realmente tiene valor.
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